Al escuchar a María Cano decir: "El elogio al secano redentor" se me ha erizado el vello.
Vivimos a menos de media hora, sé lo que decía, vivo lo que decía.
Nací en Jumilla y ahí sigo, nunca he querido marcharme. Amo mi tierra. Es una suerte.
De niña ya me enamoré del olor del tomillo y el romero. Entonces no me interesaba un pimiento el esparto, pero sí apreciaba su belleza, me gustaba su brillo y era la planta que no te fallaba en los "trepes".
¡Mi secano era bien hermoso!
En la adolescencia, mis amigos soñaban con marcharse, yo no.
Admiraban otros bosques, yo también, pero no tanto como mi "secano redentor".
Como Marieta, soy amiga de la austeridad. Nos hace falta poco. Y habitamos tierras generosas.
Ahora, en la madurez, sí me fijo en el espartizal, con detenimiento. Llevo poco más de una década haciéndolo. Y me admira. ¡Es tan bello!
Tengo uno a pocos metros de casa, puedo ir a recoger esparto en pijama. Y tengo tiempo, elegí un trabajo que me lo regala. Soy millonaria.
Marieta, gracias por sentirlo igual.
Acabo con tus palabras:
"Secano: adaptación, inteligencia y fortaleza".







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